En busca del brick perdido

Puede que sea el mayor invento de la historia tras la rueda, la bombilla y el lavavajillas (no). Prácticamente usado en la gran mayoría de hogares, en cada nevera podemos encontrarnos con uno o dos de estos objetos. El envase perfecto. 100% reciclable, que preserva los alimentos que contiene de una manera excepcional. Sí, amigas y amigos, hablamos del brick. ¿Cómo no adorar este invento revolucionario tan presente en los lineales del supermercado, si han sido promocionados con una de las mejores y más duraderas campañas publicitarias de la historia? Funcional, ecológico, práctico, fácil de almacenar…

Pues nada más lejos de la realidad, y como si de una relación en las últimas se tratase, no nos queda más remedio que decir…tenemos que hablar. Porque una vez más, hay muchas cosas que no nos cuentan, y como todo en el mundo del márketing, encontramos verdades a medias, o dicho de otro modo, no nos hablan de la letra pequeña.

Desde el punto de vista medioambiental (nuestro principal foco) un brick es, aparentemente, sostenible y altamente reciclable, el propio envase nos indica con el simbolito de las flechas circulares, que le procuremos una segunda vida.

Ya hemos hablado en muchas ocasiones de que reciclar en ningún caso debe ser la solución al problema ambiental que tanto nos preocupa y que es imprescindible optar por un cambio en nuestra forma de consumo, dejar de lado la filosofía del usar y tirar, y utilizar envases duraderos, reutilizables y sostenibles.

Aún así, siempre quedará algún residuo o envase del que haya sido imposible prescindir, y aquí sí, el reciclaje será la forma de reincorporarlo a la cadena productiva y evitar que acabe en un vertedero o en el fondo del mar.

Cabe destacar que como hemos dicho al principio, siempre se nos cuenta la verdad a medias. Esto quiere decir que, legalmente, no se nos está engañando porque decir que un brick es altamente reciclable, es cierto. El problema es que su proceso de reciclaje no se puede llevar a cabo en cualquier sitio: tiene que efectuarse en una planta especializada, capaz de separar mediante procesos específicos la parte de aluminio de la celulosa, además de las partes plásticas en caso de incluirlas.

Estructura de un tetrabrick. (Foto: Tetrapack Ecuador)

 

¿Qué pasa cuando depositamos un brick al contenedor correspondiente?

Recordamos a todos y todas, que es el de color amarillo. Pues bien, como ya hablamos en “¿es el reciclaje la solución a todos nuestros problemas? existe un problema de transparencia por parte de las empresas encargadas de gestionar los residuos y es esto lo que constata el estudio realizado por la OCU.

En este estudio se realizó el seguimiento de 43 bricks (gracias a rastreadores GPS implantandos) que fueron depositados en el contenedor amarillo de 21 de nuestras ciudades. De forma paralela se consultó con los ayuntamientos el destino final esperado para dichos bricks y el recorrido que debían realizar.

¿Y cuál fue el resultado?

Desgraciadamente, 30 de los 43 bricks iniciales dejaron de emitir señal en el camión o en la planta de clasificación. De estos, pues, no se pueda sacar ningún tipo de conclusión. ¿Y del resto?

Tres de ellos acabaron en vertederos junto a las plantas de clasificación sin muestras de haber sido siquiera clasificados. Otros cinco fueron clasificados pero aún así acabaron en vertederos sin pasar por la planta de gestión de residuos. Cuatro sí fueron a la planta de gestión de residuos pero no a la autorizada por parte de los ayuntamientos. Y solo uno acabó en la planta autorizada para su gestión.

Recorrido de nuestro residuos. (Foto: OCU)

Para que lo veamos un poco más claro, solo el 2,3% del total de la muestra del rastreo fue susceptible de su total reciclaje. Ahora pensemos en la cantidad de bricks que se utilizan a diario por las familias españolas, las europeas, y en el mundo entero. El resto (hablamos del 97,7%) es basura. En el mejor de los casos, esperará a ser incinerado emitiendo una gran cantidad de gases nocivos para la capa de ozono y para el aire que respiramos. Otra posibilidad es que sean enterrados para esperar a su degradación, que llevará unos 30 años (por suerte, la mayoría de la composición del brick es celulosa, un 75% y el aluminio representa un 5%, que es el material que más tarda en descomponerse). La peor de las situaciones es que termine en vertederos marinos, donde alterará gravemente los ecosistemas marinos, que aunque nos parezcan remotos, suponen un equilibrio vital para la vida en todo el plana.

Las conclusiones son muy claras:

  • A pesar de que la recogida separada sí funciona y los residuos llegan a la planta de clasificación sin mezclarse, la mayor parte nunca llega al proceso final y por tanto no llegan a reciclarse.
  • Muchos de los bricks recorrieron grandes distancias, de hasta 1000km, para llegar a la planta de gestión. Esto implica, además de grandes costes, que el proceso de reciclaje no sea en absoluto sostenible.
  • Las plantas autorizadas en España para el tratamiento de los bricks solo son capaces de reciclar el cartón. El otro 25% del brick (aluminio y plástico) son desechados. Aquí hay que destacar que en el año 2011, en Barcelona, sí había una planta capaz de separar todos los materiales y reciclarlos, pero fue cerrada por falta de rentabilidad. 

Al final, somos los consumidores los que financiamos todo este proceso de reciclaje. Pagamos un suplemento cada vez que adquirimos un producto envasado, identificado con el logo de Punto Verde. Ecoembes, con todo este dinero (casi 80 millones de euros en 2018) es la encargada de gestionar el proceso y de autorizar a las distintas empresas el transporte, clasificación, y reciclaje de los residuos.

Con todo esto, la OCU ha mandado una carta al Ministerio de Transición Ecológica solicitando las siguientes medidas:

  • Auditar a las administraciones autonómicas y exigir la obligatoriedad del control de todo el proceso de reciclado y que la gestión de residuos se realice de forma efectiva.
  • Total transparencia por parte de Ecoembes en cuanto al destino del dinero que los consumidores pagan por el reciclaje.
  • Mejorar la calidad y eficiencia de todo el proceso, apostando por crear plantas de reciclaje más próximas a los puntos de recogida y concentrando los esfuerzos en encontrar mejores formas de gestionar nuestros residuos. 

Sin duda, cuando se deje a un lado la búsqueda de la rentabilidad y las grandes empresas gestoras se centren en buscar la eficiencia del proceso desde un punto de vista medioambiental y de sostenibilidad, estaremos más cerca de lograr que el reciclaje sea realmente significativo en el gran reto al que nos enfrentamos.

Nosotros una vez más, recomendamos poner nuestro granito de arena utilizando envases de vidrio, reutilizando y comprando productos a granel (en la medida de lo posible, sabemos que los productos líquidos no son tan fáciles de conseguir) y la compra de productos locales, ya que muchas veces nos facilitan la tarea de cumplir con nuestro compromiso con el medio ambiente y a la vez, estamos favoreciendo la economía de proximidad y apoyando al pequeño comercio local, que al fin y al cabo, forman parte de nuestra pequeña red de relaciones dentro de una comunidad, y tiene un valor infinito.

 

Bibliografía: 

https://www.ocu.org/consumo-familia/consumo-colaborativo/noticias/reciclado-briks-seguimiento

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