Zero Waste y las 5 erres

No se nos ocurre mejor primera entrada para este blog que introducir en qué consiste el movimiento zero waste (residuo cero) y como lo entendemos en Nasty de Plastic.

Seguro que para muchos será un tema de sobra conocido, pero creemos que es importantísimo intentar llegar a todo el mundo y conseguir cambios (ójala que grandes) en cuanto más gente mejor.

 

¿Cómo comienza todo?

Llevamos tiempo escuchando esto del zero waste y aunque muchas personas ya estamos familiarizadas con el término, todavía hay un gran sector de la población al que se le escapa. Lo vemos en las noticias, en las redes sociales, incluso hay comercios abanderados del movimiento. Pero no se trata de una moda pasajera, como muchos piensan. 

Bea Johnson con la basura que ha generado en un año. JACQUI J. SZE

Este movimiento surge alrededor del año 2008 de la mano de Bea Johnson (Besanzón, Francia – 1974). Actualmente Bea es una famosa activista, escritora y conferencista especializada en este movimiento, a nivel mundial. Fue durante una mudanza cuando detectó que la mayor parte de cosas que tenía por casa eran trastos a los que llevaba años sin dar ninguna utilidad, que jamás iba a necesitar y que además ocupaban un espacio enorme (seguro que esta historia te resulta familiar). Fue aquí cuando, junto a su familia, decidió desprenderse de todo aquello que no era necesario y dar un giro a su estilo de vida, a su forma de consumir y a su relación con el medio.

Las cinco erres

Para realizar este cambio de forma más sencilla y poder transmitirlo fácilmente, Bea Johnson popularizó lo que se conoce como la regla de las 5 erres. 

Estas cinco erres son: rechaza, reduce, reutiliza, recicla y reincorpora.

  • Rechaza: es una de las erres más importantes. Se trata de rechazar todo aquello que no necesites. Algunas supondrán más trabajo que otras, pero todas harán que los residuos que generas se minimicen en gran parte. Rechaza comprar productos envasados en plástico, rechaza colocar una pajita en tu bebida, rechaza la bolsa del super, rechaza recibir facturas y recibos en papel,  etc. Esta práctica, al principio puede parecer complicada por la falta de hábito y porque nos hace pensar en cómo nos van a ver los demás. Cuanto te planteas que vas a ir a la carnicería con un tupper para que te pongan el producto en él, seguro que el primer pensamiento que se te pasa por la cabeza es “voy a hacer el ridículo, pensarán que estoy loca”. Pero nada más lejos de la realidad.

Las personas que trabajan en comercios son los primeros en enterarse de cualquier tendencia o movimiento, y si para ellos no supone un cambio que afecte en nada a su trabajo y por exigencias legales se puede llevar a cabo (hablo de salubridad en los procedimientos de venta), ellos encantados van a poner todo de su parte, e incluso, verán con buenos ojos esta iniciativa (piensa que a tu frutero o pescadera les vas a ahorrar bolsas de plástico o papel de estraza, y posiblemente establezcáis una bonita conversación basada en el interés y la curiosidad).

Rechazar permitirá reducir montañas como esta. (Foto: Pexels)
  • Reduce: se trata de consumir de forma responsable y reducir la compra de todo aquello que no es esencial. ¿Cuántas veces has comprado algo y luego lo has tenido guardado en un cajón durante meses, incluso años, a veces sin estrenar? Y no hablamos sólo de ropa, sino también utensilios de cocina, cosméticos, algún pequeño proyecto en el que nos encaprichamos y nunca comenzamos… ¡incluso con la comida! Te propongo algo si todavía no lo has hecho. Fíjate en la cantidad de comida que tiras del frigorífico o la despensa cada semana. Seguro que por poco que sea, siempre hay alguna zanahoria pocha o algún medio limón reseco que se va al cubo de la basura. 

Reducir los mil cosméticos que utilizamos y optar por alternativas más naturales y sencillas, que además de ser muy beneficiosas para nosotras, suelen ser más duraderos, por lo que aunque a priori parece que nos gastamos más dinero, a la larga nos ayudan a ahorrar (un desodorante de piedra de alumbre puede durar años y es muy efectivo), además de reducir la contaminación del agua ya que estos productos no contienen ingredientes nocivos para el medio ambiente.

Y así con mil cosas de nuestro día a día: reducir la cantidad de productos procesados que consumimos (cocinar es una terapia estupenda para desarrollar nuestra creatividad y relajarnos o hacer algo divertido en familia), reducir la energía que gastamos, reducir el consumo de productos que vienen de la otra parte del mundo y optar por alternativas de proximidad, reducir la compra compulsiva de ropa o tecnología, etc.

Reducir el plástico de un solo uso evitará que los animales sufran de esta forma. (Foto: Joel Saucedo)
  • Reutiliza: optar por aquellos artículos que se puedan reutilizar. Aquí nos gustaría contar nuestra experiencia en primera persona. Como trabajadores en hostelería (además, en una conocida cadena internacional de cafés) estábamos acostumbrados al uso indiscriminado de pajitas de plástico. La marca decidió introducir un importante cambio utilizando sólamente pajitas de papel, lo que nos parecía una genial idea (pero no la solución). El problema es que estas pajitas con las bebidas frías se deshacen, y los clientes se quejaban del cambio. Nosotros, ni cortos ni perezosos, hacíamos la misma recomendación a todas las personas: pajitas reutilizables propias. 

Cuando comenzamos a interesarnos por el zero waste, uno de los primeros cambios fue comprar unas pajitas de acero inoxidable. Pese a lo que muchas personas puedan pensar, no nos ha supuesto un esfuerzo extra. Podemos llevarlas en el bolso, la mochila, o una bolsa de tela. Apenas ocupan espacio y la gente se sorprende cuando las usas, porque son una iniciativa genial y…¡porque son muy chulas! También nos ayuda a acostumbrarnos a poner en práctica el primer punto y rechazar que nos den una pajita que no necesitamos y que acabará en el cubo de la basura.

Y así con un sinfín de objetos: cubiertos de plástico, vasos de papel, toallitas de usar y tirar, papel film o de plata, etc. Además, ahora existen alternativas reutilizables de todo tipo para estos productos, así que ya no valen las excusas.

Pero vamos a darle una vuelta de tuerca más. ¿Cuántas veces elegimos comprar un electrodoméstico nuevo antes que reparar el viejo? Aquí no solo se generará el residuo del aparato que desechamos sino también todo el impacto que ha generado el electrodoméstico nuevo en su producción (materiales, energía, transporte, etc.) Por eso es igual de importante considerar la opción de reparar antes que desechar (siempre que sea posible, porque el tema de la obsolescencia programada da para una entrada del blog a parte).

Siempre hay una alternativa reutilizable. ¡Reflexiona y opta por aquello que no hace daño al planeta! (Foto: Tomas Wolter)
  • Recicla: si durante todo el proceso de rechazar, reducir y reutilizar, aún ha quedado algún residuo del que ha sido imposible prescindir, será el momento de depositarlo en el contenedor oportuno y confiar en que sea reciclado. 

El reciclaje es todo un mundo, y da para una entrada entera, así que hablaremos en otra ocasión de la eficacia del reciclaje y de si realmente nos va ayudar a resolver el problema. 

Por suerte, nosotros vemos algo muy positivo en esta acción, ya que hace unos años tener varios recipientes o cubos en casa y separar el tipo de basura para tirarlo en su correspondiente contenedor era algo impensable que muy pocas familias estaban dispuestas a hacer. Hoy en día es un hábito interiorizado por la mayoría de la población, y esto nos sirve como precedente de que los cambios ocurren, que somos capaces de, por muy complicado que algo nos parezca, adaptarnos y crear hábitos que a la larga forman parte de nuestra rutina. Por eso sabemos que el zero waste es uno de esos cambios naturales que vamos a adoptar y que dentro de unos años será tan habitual como lo es hoy separar y reciclar.

  • Reincorpora: en este paso cerramos el círculo y reincorporarmos aquellos residuos orgánicos que hayamos generado. Cáscaras y pieles de frutas y verduras, huevos, alimentos que se han puesto en mal estado para nuestro consumo, o la caja de esa pizza que has pedido un viernes por la noche (sí, a pesar de lo que pensabas, el cartón o el papel manchado de grasa no se puede depositar en el contenedor azul, por lo que debemos considerarlo como residuo orgánico) podemos hacer de varias formas: haciendo compost en nuestra casa, lo que resulta muy interesante si tienes plantas para utilizarlo como abono, o de lo contrario, simplemente puedes depositar los residuos en el contenedor de productos orgánicos (de color marrón) para que se composten y se utilicen en las zonas verdes y jardines de nuestras ciudades. Nos encanta ir introduciendo ideas para hablar en un futuro de ellas, por ejemplo: ¿Sabes la diferencia entre compostable y biodegradable?
    Aprovecha tus residuos orgánicos para que hacer rico compost. (Foto: Ben Kerckx)

Después de todo este proceso, aquellos residuos que no hayamos rechazado, reducido, reutilizado, reciclado o reincorporado se convertirán en basura puesto que ya no podremos sacar nada de ellos y se tendrán que desechar. Ya hablaremos más adelante de qué debemos hacer con aquellos residuos que no sepamos dónde depositar y que, con total seguridad os podemos decir que tienen “un lugar en el mundo”. 

Como decía al principio, la clave para llegar sin apenas residuos a la fase de reciclaje será hacer un esfuerzo (os aseguro que no será para tanto) en las partes de Rechazar y Reducir. También pensamos que no podemos estar solos en esto. Siempre defendemos el poder que tienen nuestras decisiones como consumidores y los cambios que se pueden producir (por ejemplo, hace unos años apenas encontrábamos dos alternativas vegetales a la leche y gracias a la creciente demanda, hoy en cualquier súper tenemos muchas variedades disponibles). Pero es importante exigir cambios a los organismos que regulan la actividad comercial, a los gobiernos y a quien sea necesario, para que nos ayuden a que este cambio se produzca de forma orgánica y a todos los niveles, tanto para consumidores como para productores, facilitando la transición a un modelo más sostenible.

Y por supuesto, nosotros tenemos como misión ayudar a que el residuo cero llegue a la mayor parte de nuestra comunidad y ojalá algún día, a más y más gente fuera de nuestro entorno. Es lo que hemos llamado La democratización del Zero Waste.

Por cierto, no dejéis que el objetivo “zero waste” os asuste. Generar cero basura es prácticamente una utopía. Se trata de alcanzar el compromiso con nosotros mismos y con el medio que nos rodea y a partir de ahí vayamos dando pasitos (o pasotes) para lograr acercarnos lo máximo posible a nuestro objetivo y sobre todo, crear un estilo de vida que podamos mantener en el tiempo y del que nos sintamos orgullosos.

¿Y tú qué? ¿Conocías este movimiento? ¿Qué haces para minimizar tus residuos? ¿Te apetece profundizar más y adentrarte en el zero waste?

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